sábado, 26 de abril de 2014

Crítica 'El viento se levanta'


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Crítica

Deseando el encuentro con el cielo

Era más joven, inexperto y algo insensato la noche de verano que ante mis ojos vi hacerse realidad una común expresión: “Cuando los cerdos vuelen”. Porco Rosso volaba. Lo hacía en un hidroavión rojo precioso, con un carisma inagotable y en un periodo lamentablemente triste. Pero no importaba, porque su pasión era volar. “Un cerdo que no vuela solo es un cerdo”, como en los que se convierten los padres de cierta niñita que nos enseñó el paso de la niñez a la madurez. Esa madurez que tenían todos los personajes alrededor de la estupenda Mononoke.

Han pasado 35 años desde que Hayao Miyazaki hiciera su primer largometraje, una divertidísima historia donde Lupin III se lanzaba al largometraje. En todo este tiempo han sido once los regalos de Hayao Miyazaki, que nos ha dado siempre grandes películas y varias obras maestras. 
Siempre consiguió crear mundos mágicos donde con cualquier edad te gustaría ir. Pero lamentablemente, eso se ha acabado. El maestro se retira (de las películas de larga duración por lo menos) y nos ofrece un último trozo de pastel que le ha costado cinco años cocinar, tras la infravalorada ‘Ponyo en el acantilado’.

La historia de Jiro Horikoshi inspiro a Miyazaki desde joven y por ello no es de extrañar que quisiera contarla. Siendo la primera película de Ghibli basándose en personajes e historia real, uno siente que Hayao se ve completamente como un alter eggo de Jori. Los problemas de vista de Jori no le permitían volar, y los de Hayao no le permiten seguir haciéndonos volar. El inevitable sabor a amarga despedida que posee la película hace casi inevitable que uno se levanta de la butaca cabizbajo.

El viento se levanta’ es la película menos fantasiosa de su autor, donde no hay criaturas extrañas ni mundos imaginarios. Y no los necesita. Consigue hacerte flotar durante todo su metraje casi tanto como en sus mejores obras, narrando una historia  sencilla donde la situación histórica pasa por diversas catástrofes, guerra incluida. Lo que no la convierte en una cinta bélica, estando más cerca de lo contrario. Seguimos a un personaje que quiere hacer aviones hermosas, no terribles batallas.

La película, gozando de una fantástica animación casi pictórica, narra sus más hermosas secuencias sin ningún dialogo. Solo el sonido del viento (o del caos, en un bestial terremoto) consigue ponerte los pelos de punta gracias a lo fácil que resulta sentir empatía con sus bien presentados protagonistas, que ofrecen una historia de amor que fácilmente llevara a algunas personas al llanto.

El film es un homenaje al cielo, con unas espectaculares nubes, al viento capaz de iniciar el amor, al amor en sí mismo... A la vida, en definitiva. Como se nos dice en la película: “Estar vivo es maravilloso”, y Hayao, lo estará para siempre.

La necesidad de contar historias no existiría si nadie fuera a escucharlas. Yo he escuchado e intentado aprender de todo lo que Miyazaki nos ha dicho. Desde el escribir con firmeza hasta el filmar poesía. Desde que era un crío y el misterioso final de Porco Rosso me dejo una sonrisa tonta, hasta que anoche siendo algo menos crío, me dejo con más ganas de llorar que sonreír. Es inevitable teniendo en cuenta que el más grande en mi forma de hacer cine favorita se marcha. 

Pero el viento se levanta...hay que intentar vivir.

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