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Crítica
Deseando el encuentro con el cielo
Era más joven, inexperto y algo insensato la
noche de verano que ante mis ojos vi hacerse realidad una común expresión: “Cuando
los cerdos vuelen”. Porco Rosso volaba. Lo hacía en un hidroavión rojo
precioso, con un carisma inagotable y en un periodo lamentablemente triste.
Pero no importaba, porque su pasión era volar. “Un cerdo que no vuela solo es
un cerdo”, como en los que se convierten los padres de cierta niñita que nos enseñó
el paso de la niñez a la madurez. Esa madurez que tenían todos los personajes alrededor
de la estupenda Mononoke.
Han pasado 35 años desde que Hayao Miyazaki
hiciera su primer largometraje, una divertidísima historia donde Lupin III se lanzaba
al largometraje. En todo este tiempo han sido once los regalos de Hayao
Miyazaki, que nos ha dado siempre grandes películas y varias obras maestras.
Siempre
consiguió crear mundos mágicos donde con cualquier edad te gustaría ir. Pero
lamentablemente, eso se ha acabado. El maestro se retira (de las películas de
larga duración por lo menos) y nos ofrece un último trozo de pastel que le ha
costado cinco años cocinar, tras la infravalorada ‘Ponyo en el
acantilado’.
La historia de Jiro Horikoshi inspiro a
Miyazaki desde joven y por ello no es de extrañar que quisiera contarla. Siendo
la primera película de Ghibli basándose en personajes e historia real, uno
siente que Hayao se ve completamente como un alter eggo de Jori. Los problemas de vista de Jori no le permitían volar, y los de Hayao no le permiten seguir haciéndonos volar. El inevitable sabor a amarga despedida que posee la película hace casi inevitable que uno se levanta de la butaca
cabizbajo.
‘El viento se levanta’ es la película menos
fantasiosa de su autor, donde no hay criaturas extrañas ni mundos imaginarios. Y no los necesita. Consigue hacerte flotar durante todo su metraje casi tanto como en sus mejores obras, narrando una historia sencilla donde la
situación histórica pasa por diversas catástrofes, guerra incluida. Lo que no la convierte en una cinta bélica, estando más cerca de lo contrario. Seguimos a un personaje que quiere hacer aviones hermosas, no terribles batallas.
La película, gozando de una fantástica animación casi pictórica,
narra sus más hermosas secuencias sin ningún dialogo. Solo el sonido del viento
(o del caos, en un bestial terremoto) consigue
ponerte los pelos de punta gracias a lo fácil que resulta sentir empatía con sus
bien presentados protagonistas, que ofrecen una historia de amor que fácilmente
llevara a algunas personas al llanto.
El film es un homenaje al cielo, con unas
espectaculares nubes, al viento capaz de iniciar el amor, al amor en sí mismo...
A la vida, en definitiva. Como se nos dice en la película: “Estar vivo es
maravilloso”, y Hayao, lo estará para siempre.
La necesidad de contar historias no existiría si nadie fuera a escucharlas. Yo he escuchado e intentado aprender de todo lo que Miyazaki nos ha dicho. Desde el escribir con firmeza hasta el filmar poesía. Desde que era un crío y el misterioso final de Porco Rosso me dejo una sonrisa tonta, hasta que anoche siendo algo menos crío, me dejo con más ganas de llorar que sonreír. Es inevitable teniendo en cuenta que el más grande en mi forma de hacer cine favorita se marcha.
Pero el viento se levanta...hay que intentar vivir.

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